El cinismo es una condición muy humana, es instintivo, que no se nos culpe a nosotros los cínicos, pues aunque Kapuscinki lo diga, permítanme contradecirlo, pues sí servimos para este oficio.
No sé si tenga la razón, pero eso a lo que ahora llamamos cinismo no es más que una manifestación de nuestra naturaleza humana, puro instinito. Actualmente nadie puede comportarse como le dé la gana, pues para que la vida funcionara se hicieron las normas morales, pero precisamente escribo “se hicieron” porque no es algo que dicten las fuerzas de la madre tierra, son acuerdos a los que se llegaron para que todos viviéramos en santa paz.
Kapuscinski se refiere a los cínicos como aquellos seres insensibles y poco profesionales que mienten al público pues no entran en contacto con el hecho ya que nunca lo han vivido en carne propia.
Para apoyar esto hay un dicho muy interesante que reza “no se puede experimentar en cabeza ajena”, pero, error, claro que se puede, pues la vida es tan corta y lo relevante es tanto que, como periodistas se nos iría la vida en experimentos, además de que al vivir de cerca lo que se va a narrar, se corre el riesgo de involucrar sentimientos y recordemos que eso implica la violación del principio sagrado de la objetividad. Esto no significa inventarse las notas, sino, ver, preguntar y tener el suficiente talento para que todo parezca un gran libro.
De la discusión acerca de de escribir lo observado o dejar volar la imaginación, sólo puedo decir que una no se pelea con la otra, la buena literatura es resultado de ello, en contraste, el periodismo debe componerse de palabras casi siempre ajenas y una buena observación, nada de intentar descubrir el hilo negro, porque el periodismo es hielo seco y al tocarlo quema.
BRENDA L. ARMENTA
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