El buen periodismo es el tópico principal del libro “Los cínicos no sirven para este oficio” de Ryszard Kapuschinski. Es una obra que todo estudiante de periodismo debe leer porque será de gran ayuda para su formación profesional y de no hacerlo sería algo imperdonable.
El libro esta dividido en tres capítulos, de los cuales el primero “Ismael sigue navegando” fue el que más llamo mi atención por la forma en como el autor concibe a un buen periodista.
En uno de sus primeros libros escribió que era erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida, lo cual es totalmente cierto porque no podemos escribir o hablar de alguien o de algo sin haber vivido los acontecimientos en carne propia, sin haber tenido una experiencia directa, de lo contrario todo se quedaría en un “dicen” “me contaron” “me imagino”, en falsas suposiciones.
Kapuschinski concibe al buen periodista como un ser arriesgado que debe estar preparado ante cualquier situación para pagar su osadía de cualquier manera incluyendo su vida, debe ser sacrificado porque deberá desempeñar su oficio dedicando no solo su tiempo, también su alma y su vida en todos los aspectos.
Y aquí viene la pregunta obligada ¿cuántos de nosotros estamos realmente dispuestos a sacrificar todo eso para ser el buen periodista que Kapuschinski describe en su libro?
Creo que de cada 10 solo uno lo haría, todos los demás somos unos cínicos que nos estamos dispuestos a dejar nuestra “hermosa vida” para casarnos con el periodismo, para aceptarlo con sus defectos y sus virtudes y aunque suene cursi para jurarle amor eterno.
Muchos quieren ser periodistas sin arriesgar ni sacrificar absolutamente nada, quieren salir a ejercer su profesión con un par de guardaespaldas o en su defecto con un chaleco antibalas, quieren tener una gran familia y seguir con su ajetreada vida social.
Sueñan con salir a cuadro para dar las noticias del día como un Loret de Mola o una Micha, sin tener que salir a las calles para mezclarse con la gente “los otros” (como les llama Kapuschinski) y conocer su vida de cerca, lo que piensan, lo que sienten, especialmente con “el otro”, es decir con el pobre.
Habrá quien se inmiscuya más en la vida de “los otros” pero lo hará de manera superficial, solo para obtener información y realizar su trabajo, porque no creo que este dispuesto a dejar la vida que lleva para pasar carencias tratando de comprender a “los otros” y a su mundo.
Y concluyo, Kapuschinski está en lo correcto, los cínicos no servimos para este oficio, para hacer buen periodismo. Así que reflexionemos porque aún estamos a tiempo de cambiar de oficio o seguir siendo unos cínicos.
El libro esta dividido en tres capítulos, de los cuales el primero “Ismael sigue navegando” fue el que más llamo mi atención por la forma en como el autor concibe a un buen periodista.
En uno de sus primeros libros escribió que era erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida, lo cual es totalmente cierto porque no podemos escribir o hablar de alguien o de algo sin haber vivido los acontecimientos en carne propia, sin haber tenido una experiencia directa, de lo contrario todo se quedaría en un “dicen” “me contaron” “me imagino”, en falsas suposiciones.
Kapuschinski concibe al buen periodista como un ser arriesgado que debe estar preparado ante cualquier situación para pagar su osadía de cualquier manera incluyendo su vida, debe ser sacrificado porque deberá desempeñar su oficio dedicando no solo su tiempo, también su alma y su vida en todos los aspectos.
Y aquí viene la pregunta obligada ¿cuántos de nosotros estamos realmente dispuestos a sacrificar todo eso para ser el buen periodista que Kapuschinski describe en su libro?
Creo que de cada 10 solo uno lo haría, todos los demás somos unos cínicos que nos estamos dispuestos a dejar nuestra “hermosa vida” para casarnos con el periodismo, para aceptarlo con sus defectos y sus virtudes y aunque suene cursi para jurarle amor eterno.
Muchos quieren ser periodistas sin arriesgar ni sacrificar absolutamente nada, quieren salir a ejercer su profesión con un par de guardaespaldas o en su defecto con un chaleco antibalas, quieren tener una gran familia y seguir con su ajetreada vida social.
Sueñan con salir a cuadro para dar las noticias del día como un Loret de Mola o una Micha, sin tener que salir a las calles para mezclarse con la gente “los otros” (como les llama Kapuschinski) y conocer su vida de cerca, lo que piensan, lo que sienten, especialmente con “el otro”, es decir con el pobre.
Habrá quien se inmiscuya más en la vida de “los otros” pero lo hará de manera superficial, solo para obtener información y realizar su trabajo, porque no creo que este dispuesto a dejar la vida que lleva para pasar carencias tratando de comprender a “los otros” y a su mundo.
Y concluyo, Kapuschinski está en lo correcto, los cínicos no servimos para este oficio, para hacer buen periodismo. Así que reflexionemos porque aún estamos a tiempo de cambiar de oficio o seguir siendo unos cínicos.
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